En
otros capítulos propondré un concepto y una teoría de la felicidad, pero voy a empezar por el final: primero una receta para
poder ser feliz y disfrutar de la vida.
Una
forma de alcanzar la felicidad es mediante la aceptación.
Si soy apuesto, atractivo, agradable es estupendo, pero si no también está bien.
Si
soy rico genial, pero si soy pobre lo acepto.
No
quiero cambiar nada. Estoy en paz, tranquilo, en calma, dichoso, satisfecho. Todo está bien tal y como está: siento bienestar.
Si
no peleo por cambiar nada me siento en paz. No tengo que luchar, no gasto
energía en combatir, en defender, en reñir, en batallar; simplemente acepto.
La
aceptación es una forma sencilla de alcanzar muchas sensaciones que tienen que
ver con la felicidad: la paz, el bienestar, el sosiego.
Una
buena noticia y otra no tan buena.
La
aceptación es una decisión: está en manos de cualquiera el tomarla, somos libres de
hacerlo; no dependemos de nadie. Solo tenemos que actuar y nadie nos lo puede
impedir.
A
través de la aceptación tenemos la posibilidad de sentirnos bien y ser felices.
La
noticia no tan buena es que es muy difícil aceptar algunas cosas, y directamente
es imposible aceptar otras.
El
ser humano piensa, tiene capacidad de abstracción mediante la mente, el intelecto, la inteligencia, la meditación. Hay
muchos problemas que tienen que ver con el pensamiento y con cuestiones
abstractas, ideales, espirituales, vagas. Esos asuntos son más fáciles de dejar a un lado mediante el aceptar. No siempre es sencillo, pero es
posible.
En
cambio hay cuestiones materiales que es imposible solucionar simplemente con
aceptar: por ejemplo el alimentarse. Somos un cuerpo que consume energía, y
necesitamos resolver el problema de ingerir alimentos, que nos den la energía y
los nutrientes que precisamos. No basta con aceptar la carencia y no hacer
nada.
Hay
muchos problemas de funcionamiento de nuestro cuerpo que tenemos que resolver
de manera adecuada, y no basta con la simple aceptación del problema o de la
situación.
La
aceptación sirve para alcanzar el bienestar en ciertas cosas, pero para otras no
es suficiente.
El
ser humano tiene que resolver problemas de funcionamiento de la mecánica de su
cuerpo, administrar dificultades relativas al medio ambiente en el que vive, y resolver asuntos de la
relación con los demás seres humanos.
Mediante
el éxito. Cuando resolvemos un problema, -de cualquier índole-, alcanzamos la
tranquilidad, la paz, el descanso, la alegría, el entusiasmo, el gozo, el
placer, la comodidad, el confort, la dicha, la satisfacción, la calma, el
disfrute.
El
resolver problemas se acompaña con sensaciones que tienen que ver con la
felicidad. El éxito es una manera de ser feliz.
La
buena noticia es que si nos dedicamos a resolver problemas, y tenemos éxito, tendremos muchas sensaciones de felicidad.
La
noticia no tan buena es que, en este caso, no tenemos asegurado el éxito; no
depende exclusivamente de nosotros conseguirlo, como ocurría con la aceptación.
Para
tener éxito dependemos de otras personas, y de otros factores que no podemos
controlar en su totalidad.
Si
confiamos toda nuestra felicidad a tener éxito, a resolver problemas, entonces no
tenemos control de nuestro bienestar. A veces fracasaremos y entonces seremos
infelices.
¿Qué
podemos hacer?
Si
queremos conseguir algo, o resolver un problema, y no lo conseguimos, podemos
acudir a la aceptación. Si aceptamos nuestro fracaso entonces podemos ser
felices.
Siempre
que no se trate de un problema que ponga en riesgo nuestra salud de manera
grave o nuestra supervivencia. Entonces tenemos que seguir intentando
solucionarlo hasta el final, sea cual sea éste.
En
resumen: mi receta para la felicidad tiene dos caminos. El camino de la
aceptación y el camino del éxito. Y cada uno de esos caminos tiene experiencias
y aprendizajes diferentes, que podremos hacer a lo largo de distintos momentos de nuestra vida.
Hay
muchas formas de aprender a aceptar, y otras experiencias y enseñanzas nos
sirven para mejorar nuestras capacidades de tener éxito en la resolución de los
problemas a los que nos enfrentamos. Pero ese será el motivo de otro capítulo.
En
este capítulo sólo quería mostrar una receta para la felicidad y dos caminos
para alcanzarla, y además dos caminos que se conectan entre sí, y que nos
permiten elegir, en cierta manera, el tipo de camino que queremos recorrer en
nuestra vida, o incluso elegir un poco nuestro destino, nuestra razón de vivir.
Quizá un camino, o un destino, más tranquilo, buscando enfrentar los menos problemas posibles, y no peleando con y contra ellos: el camino de la aceptación.
Quizá un camino más arriesgado, enfrentando muchos retos y problemas, más difícil en apariencia, pero que da también muchas satisfacciones, con la seguridad que siempre, -siempre-, podemos recurrir al camino primero de la aceptación, en caso de tropezar.
Quizá un camino, o un destino, más tranquilo, buscando enfrentar los menos problemas posibles, y no peleando con y contra ellos: el camino de la aceptación.
Quizá un camino más arriesgado, enfrentando muchos retos y problemas, más difícil en apariencia, pero que da también muchas satisfacciones, con la seguridad que siempre, -siempre-, podemos recurrir al camino primero de la aceptación, en caso de tropezar.





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