Dije en otros capítulos que la felicidad es una serie de sensaciones agrupadas en dos familias: las relacionadas con la tranquilidad y las afines al placer.
La actitud para dar sitio a esas sensaciones es la aceptación, en el caso de la tranquilidad, y la búsqueda del éxito en la resolución de problemas, por el lado del placer.
Remito a esos capítulos para el desarrollo de la idea y la teoría de la felicidad. En este muestro los dos caminos para trabajar ambas actitudes: el camino de la aceptación y el camino del éxito.
La aceptación consiste en decir sí a la realidad tal como es y se presenta; no pretender cambiarla, y aún más lejos, disfrutar de ella.
El éxito supone en un primer momento en querer cambiar algo, no aceptarlo tal y como es, considerarlo como un problema. En un segundo momento se trata de transformar una situación, conseguir algo, crear algo nuevo, poseer algo que no se poseía antes. Solo con el deseo de cambiar no es suficiente para conseguirlo. El éxito no está garantizado. A diferencia del éxito, la aceptación no precisa del permiso ni está condicionada por nadie.
La aceptación requiere en primer lugar capacidades relativas a la contemplación. Contemplar significa mirar, observar, percibir: utilizando cualquiera de los sentidos que nos ofrecen datos relativos a la realidad. El concepto de contemplación occidental se corresponde con el de meditación oriental: observación.
Contemplar con la mente, dejar fluir el pensamiento y enfocarlo en algo. Todas las disciplinas que trabajan con la meditación y la contemplación sirven para trabajar la aceptación.
También el trabajo que enfoque a través de los sentidos: la vista, el oído, las sensaciones táctiles, las olfativas.
Trabajar el perfeccionamiento de los órganos perceptivos es una tarea del campo de la aceptación: el tacto, el masaje, la música, el olfato, los aromas, el gusto, la comida. Son formas de contemplación, de meditación. Abrirse a lo que es, tal y como es, y disfrutarlo.
Como veremos, algunas actividades son comunes al placer, o tienen fronteras muy poco diferenciadas.
El arte, en general, la contemplación de lo bello, sea lo sea eso, tiene que ver con la meditación, contemplación y aceptación. Ver los detalles, darse cuenta, percibir, es el primer paso para aceptar. Aquello que no se percibe, no existe; mejor dicho, no sabe el individuo que existe. No se puede aceptar lo que no se reconoce. El arte sirve para enfocar los detalles. No hay mirada más profunda que la del amante de la pintura, oído más afinado que el que disfruta la música.
El contemplar tienes dos objetos: el interior y el exterior. Conocerse a sí mismo y conocer el entorno.
El trabajo de afinamiento de la propiocepción entero es relativo a la aceptación. Reconocerse es previo e independiente de aceptarse. El "conóceté a ti mismo" es un acto de propiocepción. Luego podrás aceptarte o no, pero tienes que conocerte. Todas las disciplinas que lleven hacia una noción de quién eres sirven para este propósito. La parte de la psicología que trata de alcanzar un análisis de quién eres, está encuadrada en este enfoque relativo a la aceptación.
El eneagrama, los tipos caracteriológicos, todo aquello que sirve para pensar y analizar quién somos. Las Constelaciones Familiares y otros enfoques sistémicos que te ayudan a conocerte, no solo a ti, sino tu propia historia familiar. Todo ello pertenece al camino de la aceptación.
Reiterar que conocerse no es necesariamente amarse, disfrutar en paz de lo que somos. Y no es suficiente el saber sobre nosotros: necesitamos el disfrute a través de la aceptación.
El otro objeto de aceptación el el mundo, la realidad al completo. Saber mirar, observar, percibir, y no tener pretensiones de cambio respecto al mundo. Y después disfrutar de su mera contemplación.
La aceptación consiste en decir sí a la realidad tal como es y se presenta; no pretender cambiarla, y aún más lejos, disfrutar de ella.
El éxito supone en un primer momento en querer cambiar algo, no aceptarlo tal y como es, considerarlo como un problema. En un segundo momento se trata de transformar una situación, conseguir algo, crear algo nuevo, poseer algo que no se poseía antes. Solo con el deseo de cambiar no es suficiente para conseguirlo. El éxito no está garantizado. A diferencia del éxito, la aceptación no precisa del permiso ni está condicionada por nadie.
La aceptación requiere en primer lugar capacidades relativas a la contemplación. Contemplar significa mirar, observar, percibir: utilizando cualquiera de los sentidos que nos ofrecen datos relativos a la realidad. El concepto de contemplación occidental se corresponde con el de meditación oriental: observación.
Contemplar con la mente, dejar fluir el pensamiento y enfocarlo en algo. Todas las disciplinas que trabajan con la meditación y la contemplación sirven para trabajar la aceptación.
También el trabajo que enfoque a través de los sentidos: la vista, el oído, las sensaciones táctiles, las olfativas.
Trabajar el perfeccionamiento de los órganos perceptivos es una tarea del campo de la aceptación: el tacto, el masaje, la música, el olfato, los aromas, el gusto, la comida. Son formas de contemplación, de meditación. Abrirse a lo que es, tal y como es, y disfrutarlo.
Como veremos, algunas actividades son comunes al placer, o tienen fronteras muy poco diferenciadas.
El arte, en general, la contemplación de lo bello, sea lo sea eso, tiene que ver con la meditación, contemplación y aceptación. Ver los detalles, darse cuenta, percibir, es el primer paso para aceptar. Aquello que no se percibe, no existe; mejor dicho, no sabe el individuo que existe. No se puede aceptar lo que no se reconoce. El arte sirve para enfocar los detalles. No hay mirada más profunda que la del amante de la pintura, oído más afinado que el que disfruta la música.
El contemplar tienes dos objetos: el interior y el exterior. Conocerse a sí mismo y conocer el entorno.
El trabajo de afinamiento de la propiocepción entero es relativo a la aceptación. Reconocerse es previo e independiente de aceptarse. El "conóceté a ti mismo" es un acto de propiocepción. Luego podrás aceptarte o no, pero tienes que conocerte. Todas las disciplinas que lleven hacia una noción de quién eres sirven para este propósito. La parte de la psicología que trata de alcanzar un análisis de quién eres, está encuadrada en este enfoque relativo a la aceptación.
El eneagrama, los tipos caracteriológicos, todo aquello que sirve para pensar y analizar quién somos. Las Constelaciones Familiares y otros enfoques sistémicos que te ayudan a conocerte, no solo a ti, sino tu propia historia familiar. Todo ello pertenece al camino de la aceptación.
Reiterar que conocerse no es necesariamente amarse, disfrutar en paz de lo que somos. Y no es suficiente el saber sobre nosotros: necesitamos el disfrute a través de la aceptación.
El otro objeto de aceptación el el mundo, la realidad al completo. Saber mirar, observar, percibir, y no tener pretensiones de cambio respecto al mundo. Y después disfrutar de su mera contemplación.





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