martes, 17 de marzo de 2020

06 - EL SER HUMANO, LA PAZ, EL DOLOR, EL PLACER Y LA AUTONOMÍA: HACIA LA FELICIDAD PROPIA


Los humanos, como mamíferos que somos, tenemos sustanciales diferencias con otros seres vivos en cuanto a la forma de solucionar ciertos problemas, específicos de nuestra especie. Un ejemplo es que muchos animales nacen ya con las habilidades suficientes para una temprana supervivencia, sin la asistencia de otros individuos de su parentela. 

El ser humano nace dependiente, y tiene que recorrer un camino complejo hasta alcanzar cierto grado de autonomía. 


El bebé crece integrado en el cuerpo de la madre hasta el momento del parto. La separación de la unidad madre/bebé en el momento del nacimiento, es asumida por la madre de forma más o menos rápida, con la ayuda de los instrumentos emocionales y racionales de que dispone, y de una manera personal y única en cada mujer. 

La desaparición de los vínculos físicos a través de los cuales el bebé estaba en contacto con la madre, por donde recibía el alimento, y otra serie de estructuras compartidas, supone una situación traumática para el recién nacido, donde se pone en riesgo su supervivencia. 


Pasa de una circunstancia de alta estabilidad que representa la unidad madre/bebé, a un cambio que pone en peligro la vida de ambos, en especial la del bebé. 

La genética dota a la hembra humana con capacidades biológicas para superar el parto, pero en el caso del recién nacido va a necesitar la aportación de un nuevo elemento: la cultura. 

La cultura es una serie herramientas que sirven para la supervivencia, y se compone de conocimientos, pautas de comportamiento, costumbres, destrezas de diversos tipos como la capacidad y las habilidades de comunicación, un lenguaje común, canales de transmisión de sabiduría, tecnologías, materiales a disposición y su conocimiento de su uso. 

La cultura también son los logros que el grupo consigue como resultado de su supervivencia: todo aquello que ha conseguido acumular. 



El aspecto esencial de la cultura es como herramienta para la supervivencia: sin esas herramientas no existe la vida. Los bienes culturales, aquello conseguido o acumulado no es esencial incluso en algún momento puede suponer un obstáculo para la supervivencia. El peso de conservar lo antiguo puede poner en riesgo la posibilidad de subsistir del grupo. 

El bebé necesita la asistencia de la madre y de todo un entramado social, que le va a solucionar, en un primer momento, las necesidades nutricionales y de protección, que precisa en su nueva situación de ruptura de la unidad madre/bebé, y le va a transmitir, como añadido a las pautas instintivas biológicas heredadas, otras herramientas que le sirvan para la supervivencia, como son los patrones y logros culturales.   



La criatura necesitara el soporte de la madre y la sociedad durante un tiempo largo, que precisa para madurar las estructuras musculares, neuronales, inmunitarias, primero orientadas a conseguir un movimiento autónomo y capacidades relacionales y de lenguaje,  y luego las capacidades necesarias para que el aprendizaje pueda ser asimilado. No es posible fijar un tiempo preciso para esto, pues es una variable dependiente del individuo concreto, y también de la sociedad y el grupo familiar aleatorio al que pertenece. 

El ser humano en el nacimiento pasa de una situación más o menos estable, dependiendo de las condiciones variables del embarazo, a una nueva, tras el nacimiento, que es traumática, pues está en riesgo su supervivencia si no dispone de una asistencia adecuada. 


Al nacer pasamos de una alta estabilidad, -relativa-, a una menor estabilidad, -la vida después del parto-, y esa vivencia la podemos colocar en el campo de las experiencias dolorosas. La superación de cada necesidad de supervivencia, asistida en un primer momento por la madre sobre todo, se vive como una vuelta a la sensación de más tranquilidad, -satisfacción de las necesidades: alimentación, calor, regulación corporal-, y al haber estado en contacto con el dolor, ahora la tranquilidad se viven como placer. 

El placer continuado, sin contraste con el dolor, vuelve a sentirse como simplemente tranquilidad. Aquello que causa placer, si se mantiene en el tiempo, pasa a referirse simplemente como estado de calma, paz, o "normalidad". 

La educación en las familias y la enseñanza en los colegios tiene la intención de dotar de herramientas culturales que permitan la autosuficiencia de los individuos, o por lo menos, que puedan encajar en las redes de interdependencia de la sociedad donde vive.

Los caminos para alcanzar la felicidad de que dispone el ser humano son dos: la aceptación y el éxito en la resolución de problemas. La aceptación lleva a la tranquilidad y la paz y el éxito lleva al placer. Es una decisión individual junto a una utilización inteligente de los recursos que la suerte le ha dotado, lo que lleva a alcanzar un objetivo de felicidad, único y alcanzable. No existe un objetivo que se llama "alcanzar la felicidad", es una construcción que hacemos cada día cada uno de nosotros. 

Los resultados no están asegurados, pero conocer las reglas del juego nos ayuda a definir nuestra estrategia, y conocer qué es lo que nos puede ayudar a conseguirlos. 

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