En su libro “El mito de la felicidad”, Gustavo Bueno analiza distintos principios, teorías y doctrinas de la felicidad.
Propongo en este capítulo una teoría de
la felicidad distinta a aquellas.
En el texto citado, través de un recorrido histórico, se nos presenta un Principio de la felicidad dividido en dos
formulaciones: un Principio débil de la felicidad: «todos los hombres quieren
ser felices», y un Principio fuerte, o Sustancia de la felicidad: «la vida es la
felicidad». Esos dos principios dan cuerpo a numerosas teorías o doctrinas de la felicidad.
Aunque son muchos los matices a lo largo de la historia que han dado numerosas escuelas y autores, se ejemplifican las dos formulaciones en boca de Séneca, por un lado, del Principio débil de la felicidad: «Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente...»; y en boca de Johann Gottlieb Fichte, el Principio fuerte de la felicidad o la Sustancia de la felicidad: «La vida [humana] es ella misma felicidad».
Aunque son muchos los matices a lo largo de la historia que han dado numerosas escuelas y autores, se ejemplifican las dos formulaciones en boca de Séneca, por un lado, del Principio débil de la felicidad: «Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente...»; y en boca de Johann Gottlieb Fichte, el Principio fuerte de la felicidad o la Sustancia de la felicidad: «La vida [humana] es ella misma felicidad».
En la obra nos advierte claramente el autor de su intención: la demolición del Principio de la
felicidad, esto es, de la idea de que todos los hombres quieran ser felices, o de que la
vida es la felicidad.
No voy a resumir, ni
sustituir, la lectura de ese libro, que me parece imprescindible a todo
estudioso del tema; simplemente voy a interpretar de otro modo el contenido de la
felicidad, dándole vuelta al concepto, y logrando una teoría que es aplicable a cómo se ha entendido la felicidad desde un
principio de la historia de la idea, que permita una mayor comprensión de qué es la felicidad, y que tenga una proyección práctica para la vida de las personas.
¿Todas las personas están destinadas a ser felices, tal y como postula el Principio de la felicidad?
¿Todas las personas están destinadas a ser felices, tal y como postula el Principio de la felicidad?
No sé si el ser humano tiene
un destino, y mucho menos si el destino del hombre es algo tan específico como la
búsqueda de la felicidad.
Desde mi teoría de la
felicidad no es necesario dar una respuesta a eso. Tampoco es preciso, como
hipótesis, que el hombre tenga un destino.
El único destino al que está sometido el ser humano es la supervivencia, y no es necesario que sea el mandato de ningún ser trascendente; se trata de una categoría de la simple lógica: solo existe lo que es capaz de sobrevivir. Si se quiere vivir se tienen que solucionar los problemas que los mecanismos de la vida plantean.
El único destino al que está sometido el ser humano es la supervivencia, y no es necesario que sea el mandato de ningún ser trascendente; se trata de una categoría de la simple lógica: solo existe lo que es capaz de sobrevivir. Si se quiere vivir se tienen que solucionar los problemas que los mecanismos de la vida plantean.
Quizá el ser humano pueda construir su vida sin planes marcados, -más allá de los trazados por él mismo en su caminar por el presente-, sin destino, aunque sin lugar a dudas, influido por las posiciones con las que nace y por los recursos con los que cuenta.
Quizá haya en verdad un ser trascendente que ordene o modere de alguna manera el destino de las personas. Es algo que no sé y no voy a resolver aquí. Simplemente afirmo que no es necesario, que sin él también se puede comprender el mundo tal y como es.
Quizá haya en verdad un ser trascendente que ordene o modere de alguna manera el destino de las personas. Es algo que no sé y no voy a resolver aquí. Simplemente afirmo que no es necesario, que sin él también se puede comprender el mundo tal y como es.
Mi teoría de la felicidad
parte de que, todo lo que el ser humano ha hecho para resolver problemas y ha
tenido éxito, produce sensaciones que han sido llamadas, en su conjunto,
felicidad.
Resolver problemas que le
permiten sobrevivir: alimentación, resguardo, cuidado, defensa, salud,
seguridad; produce, en primer lugar, supervivencia, y eso ya se puede sentir como
felicidad.
Aquí enlaza con el llamado Principio fuerte de la felicidad, o Sustancia de la felicidad, que enunciaba Fichte y recordaba Gustavo Bueno: sobrevivir es felicidad, pero sobrevivir también es vivir. La vida es felicidad, en el sentido de que, si seguimos vivos, hemos superado ciertos problemas y nos podemos considerar felices.
La felicidad y la vida, así
consideradas son la misma cosa. Si todavía estás vivo, eres feliz.
Pero se puede estar vivo y no sentirse feliz, suficientemente feliz. La felicidad tiene más componentes, a parte de la vida. Aunque se puede ser perfectamente feliz simplemente estando vivo: aceptando todo lo demás, o evitando enfrentarse a problemas.
Pero se puede estar vivo y no sentirse feliz, suficientemente feliz. La felicidad tiene más componentes, a parte de la vida. Aunque se puede ser perfectamente feliz simplemente estando vivo: aceptando todo lo demás, o evitando enfrentarse a problemas.
Además el ser humano está
dotado de pensamiento: un mecanismo que permite reproducir la realidad en el
interior de la mente y, mediante abstracciones o representaciones mentales, simbolizar problemas y buscarles soluciones.
Superados ciertos niveles de
supervivencia, aparece lo que denominamos «deseo». El deseo no necesariamente
es de objetos relacionados con la supervivencia: se pueden desear muchas cosas,
y el obtenerlas, o resolver otros tipos de problemas fuera del nivel
sobreviviente, igualmente da placer, prestigio, satisfacción, alegría, paz,
orgullo.
Siempre que se consigue
solucionar algo, un problema, conseguir algo, crear, fabricar, resolver,
produce una impresión relacionada, o englobada dentro de una serie de conceptos
que se resumen en el común de felicidad.
No es que el ser humano
busque la felicidad, es que todo lo que logra o resuelve, lo vive con
impresiones que se engloban en las sensaciones de felicidad. Y sus fracasos y fallos dentro de las de dolor o infelicidad.
Por esa razón, puede dar la
impresión que el ser humano busca la felicidad: en realidad busca dar solución
a problemas, y eso, cuando se consigue, se vive con sensaciones felices.
Cuando termina de solucionar sus problemas de supervivencia, siempre puede encontrar
nuevos, reales o imaginarios, deseos o aspiraciones.
Incluso desconectado de la
necesidad de resolver problemas, se puede sentir “enganchado” a las urgencia de las sensaciones de felicidad, buscando nuevos retos.
También es válido y
entendible, dentro de una sociedad que ha desentrañado los mecanismos hormonales de las sensaciones del cerebro, acudir directamente a los caminos químicos del placer y la
felicidad.
Es comprensible y, no me atrevo a decir si es razonable o racional,
la búsqueda de la felicidad mediante las drogas, o el manejo tecnológico de los procesos que tienen que ver con la mecánica del placer y del dolor.
Un matiz más. La exposición de la teoría es, a todas luces, incompleta, por razones varias. Una de ellas es didáctica. Se trata de ir construyendo una trama de conceptos e ir ligándolos entre sí, encontrando matices y derivadas. Uno de ellos es que el ser humano es un ser social: depende de otros para sobrevivir; depende de la formación de grupos o sociedades, que también tienen que sobrevivir, según mecanismos diferentes de los que rigen a los individuos. Las sociedades tienen que crear sus propias redes de comportamientos que sirvan a su supervivencia: valores de cohesión social, de intercambio entre sus componentes, y cada sociedad puede tener entornos diferentes, retos, problemas diferenciados y por lo tanto, contenidos de la felicidad diferentes. La teoría sirve de base para un entendimiento extenso y complejo de la realidad, imposible de encerrar al completo en un solo capítulo.
¿Cuáles son esos valores sociales? ¿Cómo se crean? ¿Cómo se implantan? ¿Qué es una sociedad?
La felicidad individual estará ligada desde el comienzo al logro de una sociedad estable, una sociedad del bienestar, pero que exigirá del individuo su acción para su mantenimiento, y su inteligencia para su orden. El individuo humano no sobrevive sin sociedad, pero la sociedad no puede existir sin la acción de los individuos.
Espero haber dado una respuesta a Gustavo Bueno a su petición de un principio general de la felicidad.
Cierro este capítulo citando de nuevo a Bueno (pág. 362):Un matiz más. La exposición de la teoría es, a todas luces, incompleta, por razones varias. Una de ellas es didáctica. Se trata de ir construyendo una trama de conceptos e ir ligándolos entre sí, encontrando matices y derivadas. Uno de ellos es que el ser humano es un ser social: depende de otros para sobrevivir; depende de la formación de grupos o sociedades, que también tienen que sobrevivir, según mecanismos diferentes de los que rigen a los individuos. Las sociedades tienen que crear sus propias redes de comportamientos que sirvan a su supervivencia: valores de cohesión social, de intercambio entre sus componentes, y cada sociedad puede tener entornos diferentes, retos, problemas diferenciados y por lo tanto, contenidos de la felicidad diferentes. La teoría sirve de base para un entendimiento extenso y complejo de la realidad, imposible de encerrar al completo en un solo capítulo.
¿Cuáles son esos valores sociales? ¿Cómo se crean? ¿Cómo se implantan? ¿Qué es una sociedad?
La felicidad individual estará ligada desde el comienzo al logro de una sociedad estable, una sociedad del bienestar, pero que exigirá del individuo su acción para su mantenimiento, y su inteligencia para su orden. El individuo humano no sobrevive sin sociedad, pero la sociedad no puede existir sin la acción de los individuos.
"Por último, el reconocimiento del mecanismo lógico que conduce al Principio de felicidad nos permite desvincular la cuestión de la felicidad de las cuestiones que tienen que ver con el destino humano. El «destino del Hombre» no puede ser identificado con el cumplimiento de un estado de ánimo, como pueda ser el del disfrute o la satisfacción. Pero lo contrario es tanto como cerrar los ojos ante las causas efectivas que mueven a los hombres, a los individuos y a las sociedades en su historia.
En consecuencia, sobreentender, y mucho más, enunciar explícitamente el Principio de felicidad como el verdadero objetivo práctico del Género humano, que los predicadores, los políticos o los psicogogos intentan propagar, como programa en el cual todos los hombres pueden encontrar el acuerdo y la paz, el Principio universal de felicidad, no hacen sino aproximarse al terreno de la impostura, o simplemente de la estupidez."
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